Oaxaca, 1982

A temprana edad, este artista nacido en Valles Centrales, Oaxaca, en 1982, se interesó por la pintura sin saber que se podía vivir de ello. Fue el destino lo que lo llevó a sumarse a una caravana de artesanos oaxaqueños y exhibir su obra en la Ciudad de México, donde su trabajo fue bien recibido y su trayectoria despuntó.
Desde su punto de vista, los éxitos que cosecha son producto de la gran dedicación en su trabajo. Lo que galeristas y coleccionistas ven en su quehacer es una obra excepcional de estética indiscutible, donde el intenso color no permite escapar.
En los lienzos y esculturas de Eddy Vaskez admiramos su infancia y la vida oaxaqueña. Es así como seres mitológicos y distintos animales —mariposas, elefantes, mantis religiosas— se convierten en estrellas de circo y protagonistas de calendas.
Especialmente los insectos han sido fundamentales en el imaginario de este artista marcado desde niño por las campamochas que salían en el campo donde su abuelo pasaba largas jornadas. En sus cuadros, los insectos han evolucionado hasta humanizarse y convertirse en un sello distintivo.
Con cursos en la Casa de la Cultura y el Taller Rufino Tamayo de Oaxaca, así como con la guía de maestros de la talla de Conrado Álvarez y Sergio Hernández, Eddy Vaskez encontró un camino en el que cada día se adentra más sin dejar de experimentar.
Su más reciente proyecto es cerámico, una inclinación natural para alguien apasionado de las tierras y las texturas. Mientras que en la pintura su color favorito es el azul ultramar, en la cerámica es el cobre; sin embargo, en ambas disciplinas los animales tienen un lugar indiscutible y la narrativa revela un gran orgullo por los orígenes de la cultura mexicana.
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