Martín Pacheco lleva el psicoanálisis a una obra plástica lúdica

Ser padre le cambió la vida a Martín Pacheco, literalmente. Cuando nació la primera de sus tres hijas, hace más de 20 años, hacía títeres para jugar con ella. Esos diseños dieron pie a una serie de coloridas esculturas llamadas monigotes, y este psicólogo de profesión se convirtió en artista plástico.

“Los monigotes tienen su origen en ese juguete que yo le hacía a mi hija, vienen de una vivencia personal: yo jugaba con ella y la hacía reír. El nombre de monigote es porque son como los monos que dibujan los niños de cuatro a seis años. Sus dibujos son algo que me inspira”, comenta este artista nacido en la Ciudad de Oaxaca.

“Mi forma de trabajar tiene que ver con cómo se trabaja en psicoanálisis; en lo que se conoce como libre asociación. Lo que te pide un psicoanalista es que hables sin fijarte en lo que estás diciendo, sin filtrarlo, sino dándole rienda suelta al discurso. Eso es más o menos lo que yo hago con mi trabajo”, explica.

La libre asociación de imágenes de Martín Pacheco

A partir de sus monigotes, Pacheco se fue internando en la pintura. Si bien todo el tiempo “juega” al crear sus obras, cada una la lleva a un nivel técnico del que pueda sentirse orgulloso. Y su libre asociación de imágenes adquiere sentido ante la mirada del espectador. 

“Uno pinta desde la historia personal. Quien ve el cuadro, quien lo adquiere, le da un sentido a esa historia. A lo mejor le pregunta ¿qué me dices?, y el cuadro le responde. Mi iconografía personal la he venido desarrollando durante muchos años”, dice.

Uno de los protagonistas de dicha iconografía es el elefante. Este animal, símbolo de protección e inteligencia, admirado en diversas culturas por su fuerza y su longevidad, para Pacheco representa fuerza y trabajo. Le gusta especialmente el valor que le dan en la India como “abrecaminos”.

“El elefante es un animal muy pintable y muy gracioso así como yo lo pinto. Combina muy bien con mis monigotes porque la mayoría de mis monigotes están sonrientes. En cierto modo es como pintar cocodrilos o una barca; es algo que tiene un impacto y pega. Por otro lado, aun algo que está de moda puedes hacer tuyo y llevarlo a tus lienzos de acuerdo a como tú pintas. Eso es válido”, explica Martín Pacheco.

Un pintor que vive la vida como los demás

Martín Pacheco está en desacuerdo con la óptica que ve a los artistas como seres especiales. Desde su punto de vista, aunque alguien cuente con un talento sobresaliente en las artes, se inscribe en la sociedad. Como cualquier otro ciudadano, entonces, debe cumplir con reglas y desempeñar su profesión lo mejor posible.

“Un pintor también vive la vida como todos los demás; soy como cualquier otro mortal. Quizás lo que distingue un poco al artista de otro quehacer es que el arte está muy valorado. Sin embargo, el valor de un pintor consiste en que su trabajo sea constante, que lo haga todos los días durante mucho tiempo. Es como una especie de resistencia o de insistencia. Es tiempo, es querer estar ahí para lograrlo”, reflexiona.

De esta forma, la intención de Pacheco no es necesariamente hacer un aporte al mundo del arte, sino estar presente y, sobre todo, sentirse orgulloso de lo que hace.

“Ya el tiempo y los demás dirán si este trabajo tiene o no un cierto valor. Lo importante es seguir vigente, seguir estando en la escena haciendo el trabajo y contactando gente para lograr un trabajo en conjunto”, concluye.